viernes, 25 de febrero de 2011

Siempre.


Hoy, me muero de ganas de vivir,
perderme en la frontera de la cordura,
extraviarme en los limites de la locura,
y ante todo seguir siendo yo.

Hoy, me muero de ganas de vivir,
perderme en el calor de tu entrepierna,
caminar contigo sobre las aguas del destino,
alimentar nuestro amor  con deseo.
Y siempre, me muero de ganas de amarte.

lunes, 14 de febrero de 2011

Capitán Flint.


Capitán Flint las velas acortó de tan largo viaje.
Setenta y cinco hombres se embarcaron y uno solo volvió…
El aguardiente y el diablo se llevaron a los demás.
Ron, ron, ron, la botella de ron…

miércoles, 9 de febrero de 2011

Es una cuestión de honor


Es una cuestión de honor, no puedo dejar caer el mundo. Estoy cansado, no sé cuanto hace que lo sostengo, no lo recuerdo, ya hace tanto tiempo que lo aguanto que  casi es parte de mí. Aún veo a un  Zeus todavía poderoso, imponente ganador de la Guerras Titánicas, mirarme con esa sonrisa sardónica tan suya, y con la prepotencia del campeón señalarme con su cetro en forma de rayo. Su voz sonaba cómo el trueno, los más débiles se partían en dos con sólo oírla. Aquel día, fue el principio del castigo divino.  Tenía que sostener los pilares que mantienen la tierra separada de los cielos para toda la eternidad. Pero eso es mucho, incluso para el último Titán del universo, estoy cansado, no sé cuanto podré resistir con este peso que cada día parece que aumenta el doble.  Un día se acerco a mí una gran águila de plumaje rojizo con un mensaje. Es extraño que mediadores ofrece  el destino, graznando como un cuervo me contó cómo había sido parte del castigo que Zeus interpuso a mi hermano Prometeo por haber ayudado a esos pequeños e insignificantes seres.  Como encadenado, mi pobre hermano  en el monte Cáucaso, ella  tenía que destriparle  para comer su hígado, y cada noche Prometeo lo reponía para ser devorado al día siguiente. Una historia triste que Heracles pudo terminar. Ahora aquella águila, libre por fin, quería redimirse ayudándome.  Es una cuestión de honor, no puedo dejar caer el mundo, le dije con aflicción.  El águila rojiza  indico con su garra el horizonte y anuncio la muerte del destino, ya todos están muertos o son súbditos de Hades. No queda nadie, ni Fortuna pudo librase, olvidándose de  su cometido debajo del árbol de la vida. Ya sólo quedas tú, tu castigo y tu honor.
Hoy moriré, lo sé. Es una cuestión de honor, no puedo dejar caer el mundo.  
Aquí reposa Atlas, el último Titán.

viernes, 7 de enero de 2011

Stephen Hawking afirma que la filosofía ha muerto


El pistolero ha vuelto a la ciudad. En la última estancia, hace ya unos años, llegó cargado de munición y entrenado a consciencia; se cargó de un solo tiro a Dios, con dos  cojones bien engrasados.  Nadie se atrevió a respirar, sus argumentos eran poderosos y bien estructurados científicamente. Sólo Nietzche desde su tumba renegó algo así: “ ¡Jodio! que a ése cantamañanas ya lo maté yo, vaya merito el tuyo”.  Y ahora, nada más llegar y sin despeinarse, asesina a sangre fría a la Filosofía, por detrás y con pocas explicaciones.  La verdad es que tampoco ha sido muy original, la filosofía ya ha sufrido varios intentos de homicidio, cómo Feynmann, incluso suicidios; “Es una espacie de muerte en vida” Wittgenstein ya dio indicios con su lógica anti-filosofía. Nuevo debate, y una mierda. Un nuevo escenario donde representar la vieja  función intrínseca del ser humano. Hey!! Que conste que el qué suscribe, sólo intenta valorar dentro de sus más limitadas posibilidades, que son muy poquitas, una afirmación de un reconocido y respetado miembro de la ciencia actual. Pero lejos de amilanarme, rebato tal aserción.  Creo que con más pasión que con “lógica”.
El primer error  de Stephen Hawking es  tratar a la filosofía como una ciencia, nada mas fuera de lugar, para poder así eliminarla. Convierte la epistemología en método científico y de paso se come tres donuts para redondear. Leo la definición de Filosofía según la RAE: Conjunto de saberes que busca establecer, de manera racional, los principios más generales que organizan y orientan el conocimiento de la realidad, así como el sentido del obrar humano.  Y no veo en ninguna parte de la definición la palabra ciencia. Aunque podríamos objetar la propia definición, pero bastante tienen los académicos con lexicografía, gramática, ortografía… como para ponerse a filosofar sobre la misma. No veo a D. Arturo Pérez Reverte comentando a D. Antonio Mingote: “Ese humor español, mezquino y negro, eso sí que es filosofía con una par, no esas mariconadas”. Volviendo al tema en cuestión, el mismo conocimiento científico justificaría la verdad de su conocimiento. Una paradoja como la de similar a la que proponía Wittgenstein a Alan Touring , un sistema, de lógica, permanecería valido incluso si contenía una contradicción. Algo así como la ciencia detectara ser falsa, y aun así siguiera siendo verdadera. La picha hecha un lio gordiano que ni el propio Alejandro podría cortar por lo sano.
¿Quién delimitaría? ¿Quién encauza sin la razón? El propio método científico. Me causa escalofríos, uf!!
Posiblemente las preguntas que la filosofía se planteaba antaño han pasado ahora al reino de la poesía. Hemos aprendido a vivir sin Dios, ahora parece que le toca a la filosofía. Es como dejar de fumar, resulta de gran irritación. Y aunque grandes científicos promulguen sus “leyes” me niego a cumplirlas. Desobediencia ética y a las barricadas, mientras se combate hay esperanzas.


miércoles, 22 de diciembre de 2010

Una botella de bourbon, una teoría más...


Hay cosas que se aprenden con el tiempo, como no mear empalmado contra el viento, no preguntar a una mujer si está preñada, limpiarse con la cortina… ¿Pero cómo dejar de pensar?, ¡uff!
¿En qué piensa uno cuando deja de pensar?
Realmente es posible detener completamente nuestro pensamiento.
Cogito ergo sum.
¿Dejaríamos de existir?
No, la prueba está en algunos de nuestros políticos, encefalograma plano pero existen, y el por saco que dan.
El acto de pensar, por sí mismo, no es cosa baladí. Es una acción, es el resultado de hacer, por lo que se necesita una intención. Intención que supuestamente está motivada, pongamos por un deseo. Tengo que advertir que esto es filosofía barata, pero como yo soy el filósofo, mis argumentos son tan válidos como yo quiera presuponer. Por lo tanto, lo que mueve nuestros pensamientos son un continuo vaivén de anhelos. Si aplicamos el pensamiento cartesiano, adaptándolo a un estilo casero propio, como las albóndigas de mi madre, entonces obtenemos un deseo, luego existo. ¡Ojo! Que esto ya me empieza a poner cachondo. Ahora, para que uno exista, tiene que estar, hallarse y por lo menos tener vida. Con un poco de ligereza volvemos a un deseo, luego vivo. No contento de la transformación, aplicando la lógica de preposiciones; y denominamos al deseo como antecedente y al vivir como consecuente.


Desear -> vivir “Si deseo entonces vivo”


Por lo que, si no tengo ese deseo primario, no puedo vivir.


¬ Deseo -> ¬ vivir “si no deseo entonces no vivo”


Por lo que el inicio de la vida es el deseo, ¡Coño! Eso ya lo decía mi abuelo, vigila con desear a una mujer, que después te puedes llevar una sorpresa. En fin, a lo que iba, que ya me estoy perdiendo.
Si el deseo, es tangible y “real” ¿de dónde procede? ¡Un aliento divino! No, no me lo paso, demasiado fácil. De dioses, hay hasta coleccionables enteros sobre mitología con argumentos más molones que éste.

Pero si a todo este embrollo añadimos una frase de Charles Chaplin La vida no es significado; la vida es deseo”. Entonces el deseo se entrelaza con la vida, siendo como un motor, una inercia sin la cual no podemos ser. Por lo que cuando hablamos de la muerte, se podría entender la ausencia de ese deseo. Se desvanece el deseo de vivir por un anhelo de muerte.

O más bien también pierde inercia ese deseo y muere o no, quien sabe a lo mejor también está sujeta a la segunda ley de de la termodinámica, y la insuperable tendencia a la entropía, no le deja más remedio que en un acto de sumisión seguir creando vida. Yo personalmente me quedo con lo último, serán mis raíces cristianas o que soy un sentimental, o simplemente debo dejar el Four Roses. ¡Qué más da!

Me apetece una teoría, donde creer que desde el principio de los tiempos, desde el bing bang viaja con nosotros un deseo de vida de una intensidad tan irrefrenable que ni siquiera nosotros, como parte del mismo, seamos capaces de entender. Sin más finalidad que la creación por sí misma.