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lunes, 19 de septiembre de 2011

El Universo es sexo.


Los físicos son como Mordor, se pasan el día conspirando por tal de recuperar el anillo que gobierna a todos los anillos. En realidad su anillo es esa teoría que las unifica a todas. Lo que no saben apreciar es que el motor de todo el Universo y de todos sus movimientos es el sexo.  Sí, el sexo en el sentido más amplio del término.
Desde el principio, si aquello fue un principio y no un retorno. Desde esa explosión de materia concentrada en un infinito estreñimiento de pasión, el derroche de relación física ha sido tan enormemente grata como una gran eyaculación.  A partir de ahí todo se lanza a una carrera de relaciones mortales, como la materia y la antimateria. O interesantes parejas de energía materializadas con uniones de fuerte arraigo que consiguen crear galaxias y un universo en expansión. Y por qué no, otros multiversos de diferentes relaciones y amores.
Pero en definitiva, esas uniones de partículas con sus extrañas leyes físicas no son más que sexo, unión de las mismas por conveniencia, por resistencia y por la simple satisfacción que provoca una unión sea momentánea o hasta que la energía muera.
La vida apareció cuando unas apasionadas moléculas solitarias decidieron crear relaciones de una manera más elástica con base de carbón.  La magia del momento no paró hasta las primeras células, espíritu de la reproducción que heredan de un universo en expansión y que ellas refuerzan con gratitud.
Sexo que llega a nuestras vidas en todos nuestros ámbitos. Esa imperiosa necesidad de ser seres sociales, compartir, robar, envidiar, desear, amar, odiar…. Todo nuestros avances en la vida son producto de esa sensación de satisfacción por la unión con otro ser. Esa sublime sensación de la entrega de una parte de ti, ese momento que dejas de ser para ser más.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Teoría conspirativa sobre C.

No hay nada más rápido que la velocidad de la luz, afirma la Relatividad Especial de Einstein. Pues lo que es a mí no me gustan las afirmaciones tan contundentes. A mi parecer no podemos probar, ni entender algo más rápido que C, éste argumento suena mejor, encaje o no en la teoría. Aunque la mecánica cuántica con su principio de incertidumbre, probabilidad quántica y variables desconocidas no deja claro si la interacción de las partículas pueda “viajar” más rápido que C. Bueno, ni los propios físicos tienen pajolera idea de cómo funciona esa “comunicación” tan especial.
Puestos a imaginar, que de momento todavía es libre y gratis, lanzamos la hipótesis que la velocidad de la luz, la famosa C, no sea constante. Ahí, con dos cojones bien puestos, mandamos a freír espárragos toda la teoría de la Relatividad y miles de comprobaciones científicas, el universo se vuelve del revés y el genio de Einstein se revuelve en su tumba.
Partimos de la base que soy un ignorante en física, lo que me permite decir las barbaridades más colosales sin tener que excusarme por ello, cómo los políticos en elecciones. Aclarado éste punto, seguimos con este desaguisado de ideas.
Según los científicos la luz no utiliza ningún soporte físico cómo medio de transporte, cómo lo haría por ejemplo el sonido. Ni tampoco la fuente emisora de la luz puede imprimirle más velocidad, es independiente del sistema inercial que lo observe, el resultado inalterable es C.
Cómo primer punto de la hipótesis, me acojo a la vieja teoría de principios del siglo XX, dónde la luz surca el espacio utilizando un medio de soporte llamado éter con cualidades sorprendentemente anormales que permiten la propagación de la luz a velocidad C. La respuesta a por qué no encontramos ninguna prueba de su existencia, no es sino la falta de conocimientos y tecnología adecuada.
Sigo a lo mío, en las nubes y con cuatro vuisquises de más entre pecho y espalda. Rizo el rizo y por qué no puede haber distintas calidades del tal éter modificando con ello la velocidad de la luz. Y adelantándome a la pregunta de por qué no se ha podido comprobar una velocidad diferente a la establecida. La respuesta es que no estamos en el estadio temporal y espacial adecuado. “¡UFFFF!”
Para explicarme mejor, la famosa ecuación E=m*C2 sólo funciona correctamente tras el Bing Bang, antes de dicha explosión sólo es papel mojado. Antes de la deflagración, la densidad de ése “punto” sería tan inmensurablemente grande que su comportamiento físico es ilegible con cualquier formula o teoría física. En ése preciso momento la velocidad de la luz es una variable de importancia relativa. Por lo que si la velocidad de la luz puede ser una variable según el medio donde se encuentre, no se puede aseverar que no podamos encontrar otra situación donde C no sea constante.